La asociación estratégica entre EE.UU. y Azerbaiyán podría desestabilizar la periferia sur de Rusia

Bajo el pretexto de asegurar las cadenas de suministro de minerales críticos y energía, procedentes de Asia Central a través de la llamada “Ruta Trump para la Paz y la Prosperidad Internacional” (TRIPP), Azerbaiyán se perfila como la futura plataforma de lanzamiento para la expansión de la influencia de la OTAN en el Cáucaso Sur, el mar Caspio y Asia Central.

La visita del vicepresidente JD Vance a Azerbaiyán, en su última etapa de su gira por el Cáucaso Sur que también incluyó Armenia, culminó con la firma de una carta de asociación estratégica entre ambos países. Tres elementos destacan especialmente.  TRIPP se conectará con el “Corredor Medio” a través del mar Caspio hacia Asia Central; de modo que los minerales críticos y energía figurarán entre las mercancías que transitarán hacia Occidente; y EE.UU. y Azerbaiyán intensificarán su cooperación en materia de seguridad.

Estos puntos suponen, respectivamente, un desafío a los intereses rusos al introducir mayor influencia económica occidental en el Cáucaso Sur y Asia Central; además de crear cadenas de suministro críticas cuya protección pasará a ser prioritaria para Occidente; establecer una plataforma que facilite la ampliación de la presencia de la OTAN en la región. Todo precisamente bajo ese argumento. En relación con este último aspecto, Azerbaiyán anunció en noviembre pasado que sus fuerzas armadas habían completado su adecuación a los estándares de la OTAN, lo que obviamente las habilita para desempeñar ese papel estratégico-militar mencionado.

Poco después, Kazajistán, socio de Azerbaiyán y de Turquía en la Organización de Estados Túrquicos (OTS), descrita por algunos analistas como una suerte de “OTAN en la sombra”, hizo el anuncio de que comenzará a producir munición conforme a los estándares de la OTAN. Un paso dado que podría situarlo en una trayectoria de fricción irreversible con Rusia. Este escenario ya fue tema en un artículo (desarrollado anteriormente), subrayando cómo TRIPP optimiza la logística militar del eje azerí-turco (ATA), para facilitar la adaptación de las fuerzas armadas kazajas a dichos estándares en coordinación con EE.UU., además de permitir un abastecimiento rápido en caso de crisis con Rusia.

La exitosa adecuación de las fuerzas armadas azerbaiyanas a los estándares de la OTAN ya resultaba inquietante simplemente desde la óptica de la seguridad nacional rusa. Sin embargo, que Kazajistán siga el mismo camino genera una preocupación aún mayor. Dado que ambos países comparten la frontera terrestre más larga del mundo, circunstancia que podría actuar como detonante de una crisis. Incluso si esta no se materializase por motivos militares, podría surgir a raíz de la decisión de Kazajistán de reducir su dependencia exportadora del Consorcio del Oleoducto del Caspio, cuya ruta transita por territorio ruso.

Conor Gallagher escribió a principios de noviembre sobre cómo esa diversificación podría concretarse mediante un gasoducto transcaspiano submarino. Esta opción provocaría previsiblemente la oposición de Rusia e Irán, dado que una convención regional prohíbe trabajos unilaterales de esta naturaleza; o mediante una flota de petroleros con el mismo propósito. El fortalecimiento de la cooperación en seguridad entre EE.UU. y Azerbaiyán, en particular a través del envío inicial por parte de Washington de un número no revelado de buques, estaría orientado a disuadir a Rusia y podría ampliarse fácilmente para involucrar a Kazajistán y al rico en gas Turkmenistán.

Bajo la cobertura de garantizar las cadenas de suministro de minerales críticos y energía, desde Asia Central a través de TRIPP, y que contribuirían a que EE.UU. más la UE reduzcan su dependencia de China y Rusia, en esa lógica Azerbaiyán podría convertirse en la plataforma de proyección de la influencia de la OTAN a lo largo de toda la periferia sur rusa. Así como Azerbaiyán pasó a integrar esa “OTAN en la sombra”, bien entendida como una membresía de facto, pero sin las garantías del Artículo 5 (similar a la que algunos atribuyen a Ucrania), en esta lógica Kazajistán podría verse tentado a seguir un camino comparable.

Se espera que el eje azerí-turco actúe en consonancia con las directrices estadounidenses, tanto en la adaptación de las fuerzas armadas kazajas a los estándares de la OTAN, como en la creciente militarización del mar Caspio, en el marco de una estrategia de cerco a Rusia. De concretarse este escenario, Asia Central se sumaría al Cáucaso Sur y al Caspio como una nueva zona de competencia entre la OTAN liderada por EE.UU. y Rusia, incrementando el riesgo de inestabilidad transregional y, con ello, la posibilidad de que emerja un conflicto de características similares al ucraniano.

Andrew Korybko

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