Autora: Elizabeth Gallegos
El poemario Nosotras, las otras, cuya primera edición apareció en 2020 y que en 2025 regresa en una segunda edición bajo el sello independiente Calabaza del Diablo, se inscribe en la tradición de la poesía feminista chilena y latinoamericana. Su autora, Viviana Ávila Alfaro, levanta un discurso coral que rescata las voces históricamente silenciadas y las sitúa en un espacio de resistencia cultural y político.
Ávila Alfaro, poeta chilena contemporánea, ha cultivado una escritura comprometida con la memoria y la identidad femenina. La reedición de Nosotras, las otras confirma la vigencia de su propuesta y la necesidad de volver a escuchar esas voces que, desde la marginalidad, cuestionan la hegemonía patriarcal. El título mismo anticipa la intención de visibilizar a quienes han sido relegadas a la categoría de “otras”, y lo hace desde una poética que combina fuerza simbólica y compromiso ético. La reflexión de Simone de Beauvoir en El segundo sexo ilumina aún más la lectura del poemario: “No se nace mujer: se llega a serlo”. Beauvoir plantea que la mujer ha sido históricamente construida como “la otra” frente al sujeto masculino. Ávila Alfaro retoma esa condición y la transforma en un espacio de potencia colectiva, donde la exclusión se convierte en afirmación política y estética.
El libro se articula en torno a la otredad femenina, explorando la memoria colectiva y la resistencia cultural. Los poemas funcionan como un coro polifónico que denuncia la violencia y la exclusión, pero también celebran la persistencia de las mujeres en la historia y los espacios ganados: “no me vengas a colonizar que aquí ya la historia vi y los estás haciendo otra vez”. Estos versos recuerdan que los avances nunca son definitivos, que cada conquista puede ser amenazada por los vaivenes políticos, sociales e incluso familiares.
En otros pasajes, como “Nosotras, las otras, tejemos con hilos invisibles la memoria que no cabe en los libros”, se observa la tensión entre lo silenciado y lo recuperado, entre la invisibilidad y la afirmación poética. Aquí radica una de las mayores fortalezas del poemario: la coherencia temática y el compromiso político que atraviesa cada texto. La autora logra articular un discurso que no se limita a la expresión estética, sino que se convierte en herramienta de resistencia y memoria. La potencia expresiva de las imágenes y la innovación formal en la disposición coral refuerzan su impacto literario.
Sin embargo, esa densidad simbólica puede convertirse en un desafío para ciertos lectores. Algunos pasajes exigen un lector informado, capaz de descifrar las capas de sentido que la autora despliega. La escasa contextualización histórica explícita puede limitar la comprensión en públicos generales, pero esta exigencia también constituye parte de su riqueza estética: invita a una lectura crítica y reflexiva, más allá de lo inmediato.
La obra dialoga con la tradición feminista chilena que denuncia desde la memoria, la marginalidad y la corporalidad fragmentada femenina. Elvira Hernández, en La bandera de Chile, utiliza la poesía como denuncia y memoria desde una perspectiva nacional y política más explícita. Carmen Berenguer, en Naciste pintada, explora la corporalidad y la marginalidad urbana con un tono más experimental y fragmentario. Diamela Eltit, aunque desde la narrativa, comparte la preocupación por la visibilización de lo femenino y lo marginal. En este sentido, Nosotras, las otras se ubica en una línea de continuidad y renovación, aportando una voz coral que enfatiza la colectividad frente a la individualidad.
Nosotras, las otras es, en definitiva, un poemario que trasciende lo individual para convertirse en un acto de resistencia y memoria compartida. La segunda edición de 2025 confirma su vigencia y la necesidad de volver a escuchar estas voces. Su lectura resulta imprescindible para estudiantes de literatura, investigadores en estudios de género y lectores interesados en la poesía crítica latinoamericana.
